lunes, 24 de octubre de 2016

Au fil de la vie.

Tener dolor de espalda no era nada excepcional dentro de la fábrica, era habitual que las costureras sufrieran con mayor frecuencia dolores cervicales. Las jornadas de 18 horas casi sin descanso hacían que tuviera dolores de nuca y de espalda, por no hablar de las dolencias generalizadas fruto del estrés.

Durante décadas realicé este trabajo repetitivo hasta que los dolores fueron tan intensos que el estar en la silla sentada más de diez minutos me resultaba imposible.

El día de mi jubilación el amo de la fábrica me dijo que si me quería llevar mi máquina de coser de recuerdo podía hacerlo. Acababan de traer las nuevas máquinas eléctricas y las antiguas iban a ir a la chatarra así que sin dudarlo acepté, a fin y al cabo fueron más de 40 años trabajando con ella y le tenía cariño.

Hoy ya ha pasado mucho tiempo de eso y ahora vivo en una residencia de ancianos, es mi cumpleaños y le pedí a mi hija que me llevara al pueblo a ver mi vieja casa, ella me había insistido en que está en muy mal estado, que cayó un trozo de techo hace unos años y que han entrado varias veces a desvalijarla pero ya se sabe como somos la gente mayor cuando se nos pone algo entre ceja y ceja.

Os parecerá una tontería, pero necesitaba volver a tocar mis costureros, sentarme frente a mi "Wertheim" y poner los pies sobre el pedal........







 






lunes, 12 de septiembre de 2016

Cita previa 2.

Segunda visita al Antiguo hospital antituberculoso, era el pabellón B,el destinado a los hombres, con una planta baja y tres pisos.
En la revuelta de 1936 la CNT tomó el hospital. Al finalizar la guerra fue confiscado por el Patronato Nacional Antituberculoso. En la década de 1970, una vez controlada la tuberculosis con antibióticos,se convirtió en hospital general, cerrando en 2006.


























jueves, 21 de julio de 2016

Supersond Barcelona.

Hace mucho tiempo que el viejo cine reunió a todo el pueblo en su interior para ver esa última película, algo que recuerdan con cariño los vecinos. Pese al mal estado del edificio no quieren ni oír hablar de su derribo, es sabido que prefieren conservarlo cerrado para simplemente preservar el espacio donde varias generaciones disfrutaron de una buena película y unas palomitas.