Botas y querubines.


Primavera del 68, miro el cielo estrellado tumbado en la cama pensando en que estará haciendo ella.

Los nervios me devoran mientras fumo compulsivamente un cigarro tras otro.

Quisiera convencerme de que no está haciendo nada malo.

¿Qué puedo hacer si ella es así?

Estoy enamorado de sus rarezas hasta los huesos pese a que tiene un alma hippy, le gusta vivir bajo la luna y acostarse cuando sale el sol.

Nunca viví nada igual,

Yo en mi casa y ella en el bar.


(Inspirado en la cancion de Los Naúfragos "Yo en mi casa y ella en el bar")





 














La masía de Sloan.


 En esos años de escasez el fútbol se convirtió en una de las pocas distracciones para la población civil y tras la guerra alcanzó un nivel de popularidad nunca antes visto.

Por aquel entonces al frente de la Delegación Nacional de Deportes se encontraba La Falange y altos cargos del Ejército por lo que por animado que fuera el partido bastaba con que un Policía se girara mirando a la grada para que todo quedara en un absoluto silencio.

Tampoco se podía ir a ver el partido vestido de cualquier guisa, personalmente me gustaba ir con mis mejores galas.

Traje, sombrero, una elegante bufanda, paraguas por si llueve y mi bigote impecablemente peinado era el ritual de cada día de partido antes de subirme a mi flamante Seat 600.






































La mansión de los juguetes.




En los años 70 los niños acudíamos veloces 

a merendar frente al televisor cuando escuchábamos la canción:

"Un globo, dos globos, tres globos, la luna es un globo que se me escapó"

"Un globo, dos globos, tres globos, la tierra es un globo dónde vivo yo"

Empezaba el mejor programa infantil y ningún niño quería perdérselo,

Justo en ese momento se dejaban los juguetes allá dónde estuvieran y se cogía un buen 

trozo de pan con chocolate, puede parecer una merienda sencilla pero en esa época 

para un niño nada era superior al pan con chocolate y un vaso de leche.

Al vivir en una mansión tan grande la imaginación se desbordaba después de escuchar 

algún cuento de Gloria Fuertes.

Era sencillo convertirte en un rápido jinete mientras recorríamos los pasillos

con nuestras bicicletas imitando a los personajes del Western de John Wayne "Ladrones de trenes".

Por cierto, recuerdo que teníamos un tren de hojalata que hacía ruido y soltaba humo por el que 

siempre nos discutíamos por tenerlo en nuestras manos demasiado rato.

¿Que fue de el?